La muestra Eduardo Capocasa. Antología 1991 – 2013 exhibe obras de Eduardo Capocasa en las que la pintura asume una posición realista, donde la subjetividad del artista pareciera buscar en las figuras y arquitecturas, su mirada del mundo.

Eduardo Capocasa nació en la Ciudad de Buenos Aires en 1945. Luego de un breve paso por la Escuela de Bellas Artes Manuel Belgrano ingresó al taller de
Oscar Capristo en 1969. A partir de 1977 comienza su actividad docente, que continúa hasta la actualidad.

Participó en numerosas muestras colectivas, salones provinciales y nacionales. Entre sus exposiciones individuales se destacan: Galería Hoy en el Arte, 
Bs. As. (2006); Galería Hoy en el Arte. Bs. As. (1996); Centro Cultural Recoleta. Bs. As. (1994); Galería Hoy en el Arte. Pinamar (1991).


Texto completo del catálogo por Raúl Santana:

Apartado de las modas, ismos o tendencias, que en las últimas décadas han venido ocupando la escena artística de nuestro medio, Eduardo Capocasa, sin desbordes, ahondando lo que le va dictando su intuición, sigue edificando un imaginario, que mantiene un intenso diálogo con la herencia artística argentina.

Y llamo “herencia” a la producción de un considerable número de artistas, que sin responder a los dictados de la “actualidad”, han sabido fusionar en sus obras, una visión propia tributaria de muchos rasgos de la modernidad; artistas a los que Rafael Squirru acertadamente, ha venido incluyendo en la designación “Escuela de Buenos Aires”.

Ya desde su primera muestra –la colectiva de 1973 que se llevó a cabo en la galería Nice- hasta finales de la década de los ’80, sus pulcras pinturas manifiestan un clima surreal, que sumerge al espectador en recintos donde las figuras realizadas con cuidadosas tintas planas, son una constante metamorfosis de la anatomía humana en el silencio y la quietud de sus herméticas escenas.

Posteriormente, ya a comienzos de los ’90, aunque sus obras perpetuaban algo de los climas anteriores, su pintura comienza a asumir una posición más realista, donde la subjetividad del artista pareciera buscar en las figuras y arquitecturas, el misterio de lo visible que nos circunda. Con esta producción comienza la muestra antológica que hoy nos propone Capocasa.

Los deshabitados ámbitos que presenta el artista, no pertenecen al plano de lo enigmático o la ficción: expresan una voluntad constructiva en la que se indagan arquitecturas interiores con columnas, puertas, escaleras, ventanales, pasajes y rincones, como una constante reflexión sobre lo visible.

Se trata de lo que podríamos llamar una geometría sensible donde las correspondencias formales se reiteran, estableciendo un juego singular de rimas y ritmos, en los que luces y sombras traman otras evanescentes geometrías en el clima sereno siempre diurno. También en esta época ahonda con un realismo casi hiperreal la figura humana: esos hombres seriados que acrecientan todavía más su semejanza por sus ropajes y sombreros iguales, nos transportan a un clima detectivesco –que podría recordarnos las ficciones de Magritte- por sus enigmáticas miradas desde atrás de las ventanas como si fueran otra parte de los interiores.

Más allá de los juegos formales, aquellas arquitecturas interiores, sin duda prepararon lo que a continuación apareció plenamente en sus Paisajes del Sur: esos lugares donde tantas veces se produce un encuentro fantasmático entre lo rural y lo urbano, que desata un sentimiento indescifrable; tributarias de la llamada pintura metafísica presentan una ambigua topografía que oscila entre la lejanía y la cercanía.

Pero una mayor penetración de cada una de estas imágenes de vibrante color revelan que –aunque el orden de apariencias ha sido respetándola realidad ha sido sutilmente transfigurada para proponer visiones donde el tiempo pareciera haberse detenido. Todo hace pensar que no se trata de que el pintor se puso frente al paisaje para extraer sus cifras puntuales, sino de quien pareciera extraer de su memoria –que como toda memoria elimina rasgos y acentúa otros transformando luces y sombras- imágenes atravesadas por una melancolía atroz.

Pero no obstante la profunda inmovilidad de estos paisajes, algunas de las ventanas de los edificios o los escasos árboles que habitan el paisaje, parecieran estar sometidos a la contingencia del viento como anunciando los cambios que aparecen en la última etapa: los magníficos paisajes de ríos y cielos que, sometidos al ritmo de la naturaleza nos entregan su pura contingencia.

Datos:

Muestra: Eduardo Capocasa. Antología 1991 – 2013
Inaugura: 17 mayo 2013
Finaliza: 30 junio 2013

Salas: 2 y 3
Entrada: Libre y gratuita

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